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Aonikenk - Vida y organización

El Pueblo Aónikenk es conocido comúnmente bajo el nombre de Tehuelche, el que correspondería a una denominación dada por los mapuches.

El carácter nómade del Pueblo Aónikenk, imprimía a su estilo de vida características particulares, reflejadas entre otros aspectos en sus viviendas, conocidas como Kau. Estas eran confeccionadas con un conjunto de varas de madera que hincaban en el suelo con dos metros de distancia entre cada uno, en dos o más hileras de altura descendente, siendo la menor la correspondiente a la parte sobre la que azotaba el viento; abarcando un área variable que en promedio no debía bajar de veinte metros cuadrados, y sobre la que se tendía una cobertura de cueros cosidos, obteniendo un espacio suficiente como para albergar a una o dos familias, o sea, a lo menos una decena de personas, además de los utensilios domésticos y los perros acompañantes. Pese a que esta vivienda - de apariencia frágil - se hallaba diseñada para resistir un fuerte vendaval, es de suponer que eran elegidos los lugares menos expuestos para asentar las tolderías o campamentos.

Su organización social se basaba en grupos emparentados entre sí, conformados por unas cincuenta a cien personas "...y segmentados en unidades familiares mínimas de padres, hijos y algún anciano. Todos gozaban del libre derecho al uso de los recursos existentes en el área y se reconocían como pertenecientes a una agrupación especial...”. Las jerarquías formales de mando, solo se daban en caso de situaciones de conflictos mayores o de la preeminencia momentánea en la caza, en virtud de ciertas habilidades especiales. La división del trabajo habría funcionado de acuerdo a normas consuetudinarias: las mujeres elegían los sitios de campamentos, levantaban y desarmaban los toldos; buscaban agua y leña y cocinaban; preparaban cueros y fabricaban artesanías, ocupándose también de la crianza de los hijos. No obstante, la instrucción, de acuerdo a su ordenamiento tradicional, era compartida entre el padre y la madre, y comprendía ciertas normas de conducta, adiestramiento en el uso y fabricación de armas, aprendizaje de la caza, preparación de las mujeres jóvenes para la maternidad y crianza de los niños, elaboración de utensilios, e incluía la transmisión de elementos de orden espiritual.

Los varones, por su parte, se concentraban en la provisión de alimentos – que implicaba grandes desplazamientos para poder cazar - lo que no era necesariamente una faena cotidiana - y a las actividades guerreras.

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