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Kawésqar - Alimentación y caza

Debido a las dificultades de su entorno natural - bosques y una topografía que hacían la tierra impenetrable; sitios habitables reducidos a playas estrechas y pantanosas, y escaso productos de la tierra - , los kawésqar buscaron su subsistencia en la costa y en el mar, donde encontraban los productos necesarios para su alimentación: lobos marinos, nutrias, aves, abundantes peces y mariscos. La navegación respondía a un requerimiento esencial de su existencia nómada, y la dominaban hábilmente, utilizando embarcaciones aparentemente frágiles y precarias, pero eficaces.

La canoa - hallef - era la pieza más importante y apreciada de su patrimonio material. Era fabricada con cortezas, preferentemente de coigüe. Luego de un hábil proceso de elaboración, la embarcación tomaba una forma curva y puntiaguda, y se le daba impulso en el agua con unos pequeños remos. Su longitud era variable, entre 8 ó 9 metros, y en ella podía acomodarse una familia o grupo familiar - con parientes - de unas diez personas, además de los perros acompañantes y de sus armas, útiles, cestos y objetos de uso cotidiano, junto a los cueros utilizados como cobertura para el toldo. En el centro de la embarcación se mantenía encendido un pequeño fuego durante la navegación, destinado a la cocción de alimentos, pero que también generaba un poco de calor. La canoa era además de un medio de transporte, una verdadera vivienda flotante, pues en ella pasaban buena parte del tiempo, aunque debido al gran conocimiento geográfico que poseían, utilizaban atajos terrestres, para arrastrar o cargar a través aquellos sus embarcaciones, evitando trayectos innecesarios que prolongaban la navegación.

En tierra, utilizaban el toldo - tchelo - que levantaban en lugares provistos de agua dulce, junto a una bahía protegida. Este tenía forma cupular, con una planta circular o ligeramente elíptica; su estructura estaba constituida por un conjunto de varas distribuidas regularmente en el perímetro y enterradas por la parte más gruesa, y que luego eran curvadas hasta unirse entre sí por sus otros extremos. Sobre esta armazón colocaban cueros de lobos, cortezas y ramas, dejando una pequeña entrada por el lado más protegido, y a veces una opuesta, y en la cúpula una abertura para la salida del humo. Así conformaban un recinto de unos tres metros de diámetro y dos de altura en su parte central, donde podía alojar un grupo familiar con relativa comodidad. En el centro de la base se encendía el fuego, un piso hecho con ramas pequeñas, musgo, y también pieles, permitía aislar a las personas de la humedad del suelo. La estructura no se desarmaba, sino que de vez en cuando se reemplazaba alguna rama o vara podrida o rota, quedando así disponible para posteriores recaladas de otros indígenas.

La caza y la pesca se practicaban en mar y tierra, utilizando especialmente el arpón. La captura o hallazgo de un cetáceo era avisada a otros indígenas mediante fogatas y otras señales de humo, convirtiendo el suceso en un motivo de encuentro colectivo, que finalizaba una vez extraído todo lo aprovechable del animal. La caza de lobos marinos también era motivo de reunión, ya que era una actividad excepcional que ocurría luego de la parición de las hembras.

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