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Yagán - Transculturización

Hasta comienzos del siglo XIX, en escasas ocasiones se relacionaron las tripulaciones de los barcos europeos con los indígenas del lugar. Si bien, la expedición holandesa que llevaba el nombre de “Flota de Nassau”, bajo las órdenes del almirante L’Hermite, llegó en febrero de 1634 al lugar que posteriormente sería denominado como Bahía Nassau, donde conoció a algunos de los habitantes del Archipiélago del “Kap Hoorn” - Cabo de Hornos - llegando a perder incluso algunos de sus marineros en un sangriento enfrentamiento.

También difundió en Europa las primeras noticias sobre aquellos, dejando constancia de ese suceso el marino Geen Huygen Schapenham, a través de una descripción sobre el físico, costumbres y carácter de los indígenas. El mismo Gusinde hacía referencia a la escasez de datos para poder determinar el núcleo de población Yagán antes de la llegada de los europeos. Un cálculo aproximado podía hacerse sobre la base de la extensión de las costas navegables, que permitía la movilidad de unas 450 canoas para la búsqueda de alimentos. Si se asignaba a cada embarcación un promedio de seis tripulantes, se obtenía una cifra para la población original, de unas 3.000 personas.

Numerosas expediciones europeas dan cuenta del pueblo Yagán a partir de 1624. En 1826 el capitán Robert Fitz Roy aporta información sobre las características de su población y territorio. En 1850, misioneros anglicanos - la South American Missionary Society - se establecen en la isla Picton, con poco éxito. Pero en 1869, logran fundar la misión de Ushuaia - actualmente
territorio argentino - en la costa norte del canal del Beagle, donde construyeron un hospital, viviendas, una iglesia y una escuela, para desarrollar actividades educativas y evangelizadoras; esta es encargada un año después a Thomas Bridges, quien entregó los primeros datos más precisos, sobre las características demográficas del pueblo Yagán, asegurando que en 1850 el
número de sus miembros alcanzaba las tres mil personas y en 1869 a no más de dos mil quinientos. Pronto, la misión se convertiría en un polo de atracción para los indígenas del área llegando a albergar en 1880 aproximadamente trescientos Yagán en forma permanente y siendo visitada anualmente por más de mil o mil quinientos.

Los misioneros introdujeron hábitos sedentarios entre los Yagán; quienes debieron comenzar a alojar en viviendas cerradas, usar vestimentas europeas, etc. En 1885, se declaró una epidemia de rubeóla que al ser desconocida en esa zona, adquiere carácter fulminante y más de la mitad de los novecientos cuarenta y nueve registrados por la misión desaparecieron. Al disminuir tan radicalmente el número de la población indígena residente, no se justificaba la presencia de una misión en Ushuaia, por lo que la South American Missionary Society resolvió suprimir la en 1888, instalando una nueva misión en la isla Bayly del grupo de las islas Wollaston, sector por el que deambulaban unos doscientos Yagán. Allí se mantuvo por algunos años hasta trasladarse a Tekenika, en la Isla Hoste, en la bahía que denominaron Allen Gardiner, y por último a bahía Douglas, en Navarino, hacia 1906. En 1903, Florencio Dublé - teniente de marina de Chile - visitó la misión de Allen Gardiner, dejando la siguiente descripción:

“En el fondo NO de la bahía sobre la meseta despejada se levanta un pequeño caserío que se percibe desde lejos. Este consiste en pequeñas casitas de madera en que habitan el pastor, señora i cinco niños de corta edad nacidos allí mismo i un joven ayudante auxiliar; una capilla de aspecto mui pintoresco que sirve al mismo tiempo de escuela. Un edificio vecino a la capilla que es la verdadera sala de clases para los niños indígenas. Al frente de estos edificios hai algunas casitas i una veintena de chozas en que habitan los indígenas de la población. Hai también un pequeño galpón donde los indios aprenden a labrar la madera con que construyen sus casas, botes, muelles, etc.; un pequeño corral donde apacentan dos vacas que contribuyen a la subsistencia de los misioneros; algunas ovejas en mui escaso número pueblan las islas de la entrada de la Bahía.

En la época de nuestra visita había de 65 a 70 indíjenas de ambos sexos asilados i cuidados por la misión, éstos permanecen siempre allí i forman parte de la población de Tekenika; el resto de los pobladores salen i andan errantes por los canales i puertos de estas rejiones viviendo de la caza i marisco; pero llegada la estación de invierno vuelven a la misión a ocupar las casa que permanecían cerradas cuando ellos estaban afuera...”.

El superior de la misión, John Williams, calculó que hacia 1905 había un total de  alrededor de cien personas, ya que habían muerto treinta y dos, y nacido sólo tres o cuatro niños. Para 1916, la South American Society había cesado su acción en el sector, cuando ya no quedaba ni un centenar de Yagán con vida, incluidos los mestizos. La tradición anglicana modificó las creencias y prácticas indígenas, realizándose el último iaxaus en 1941. Los efectos de la vida sedentaria y occidentalizada que imponía la misión, se hicieron extensivos al plano físico ya que - como se mencionó anteriormente - obligó a los Yagán a adoptar costumbres europeas, en lo referido a la vestimenta y la alimentación especialmente, que no correspondían a las características ambientales en las que se habían desarrollado hasta entonces como pueblo. Respecto a ello, Martín Gusinde señalaba en primer lugar, entre las desventajas que provocó el afán europeizante de los misioneros, el alejamiento de los indígenas de su red de parientes y amistades, al ser trasladados a la misión, desvinculándolos de la vida comunitaria. Además, el alojamiento en viviendas cerradas sin una calefacción adecuada, provocaba frío, humedad y hacinamiento.

Los Yagán estaban acostumbrados a que el Sol, el aire - que estimulaban la circulación sanguínea - y la lluvia actuaran directamente sobre su piel, pudiendo aproximarse al fuego sin interferencias, lo que les permitía secar sus cuerpos en pocos minutos. Al ser obligados a llevar una gruesa vestimenta al estilo europeo, que envolvía el cuerpo y permitía la acumulación de mucha suciedad en la piel y en las mismas prendas de vestir - que casi nunca eran cambiadas o lavadas - sufrían de erupciones cutáneas y eczemas. Además de desarrollarse el debilitamiento de todo el organismo, ya que la vestimenta húmeda no era reemplazada por otra seca, sino que se secaba sobre el cuerpo favoreciendo el cultivo de gérmenes de diversas enfermedades que representaron un factor clave en la acelerada caída demográfica de este pueblo.

La alimentación tradicional era interrumpida bruscamente cuando niños o adultos ingresaban en la misión, fuera del hecho de que allí debían adaptarse a un horario de consumo de alimentos, muy distinto del de su cultura, lo que terminó por resentir su bienestar físico. Sumado ello a las circunstancias en las que escaseaba el alimento suficiente en las misiones, lo que se desprendía de los propios informes de los misioneros.

No obstante, la misión habría de convertirse en el único refugio del pueblo Yagán, frente al constante arribo de extranjeros, cazadores de lobos marinos, buscadores de oro, agricultores que se asentaron en su antiguo territorio, y que alteraron drásticamente su estilo de vida, su hábitat y sus costumbres; considerando que hacia 1890 ya existía una colonia de más de trescientos croatas en dichos parajes. Con relación a esto, un mecanismo de protección ante la discriminación de los agentes externos y la sociedad dominante, fue y continúa siendo, el abandono de la lengua materna,“... pues la competencia exclusiva en la lengua española permitió a los Yagán, pasar desapercibidos... ”, pero también incidió en el debilitamiento de su propia cultura.

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